La participación ciudadana como un recuerdo: cuando el vecino dejó de decidir

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Caminar por nuestras calles es, para quienes lo hacemos todos los días en Concepción del Uruguay, un ejercicio de diagnóstico constante. El vecino que patea el barrio, el que esquiva el pozo, el que sabe perfectamente qué esquina se vuelve una boca de lobo al caer el sol, es el verdadero especialista en la realidad local. Nadie conoce mejor las urgencias de una comunidad que quien la habita.
Por eso, resulta imposible no sentir una profunda frustración al mirar hacia atrás y recordar una herramienta que supimos tener en nuestra ciudad y que hoy brilla por su ausencia: el Presupuesto Participativo.
¿Se acuerdan de cuando los uruguayenses podíamos sentarnos a diseñar el barrio que queríamos? Aquel mecanismo no era un simple capricho administrativo; era la oportunidad real de que la voz del ciudadano común se transformara en una obra concreta, en una mejora útil, en una solución nacida desde abajo hacia arriba.
En algún momento, la iniciativa llegó a tener fondos asignados en las arcas de Concepción del Uruguay, pero el tiempo pasó y esa gran herramienta quedó en el olvido, archivada y sin uso. Dejamos que se apagara el canal directo donde el vecino decidía el destino de los recursos que él mismo aporta.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero a veces se vuelven un espejo necesario y urgente para reaccionar. Mientras en Concepción del Uruguay la idea duerme en un cajón, en la vecina ciudad de Gualeguaychú se acaba de lanzar con bombos y platillos una nueva edición de este programa. No estamos hablando de intenciones abstractas, sino de hechos concretos: las autoridades de Gualeguaychú movilizaron a cientos de vecinos e instituciones, eliminaron trabas geográficas para hacer el proceso más dinámico y destinaron un fondo histórico de 730 millones de pesos para que la propia comunidad elija en qué invertir.
Ver cómo en Gualeguaychú la participación colectiva se transforma en una política de Estado activa donde incluso se sostiene un presupuesto específico para los jóvenes genera una lógica envidia sana, pero sobre todo, un fuerte llamado a la reflexión para nuestra dirigencia local. La diferencia entre discursear sobre el vecino y gobernar con el vecino se nota en estas decisiones.
La gestión pública en Concepción del Uruguay no puede perder la capacidad de escuchar. El Presupuesto Participativo demostró en la región ser un canal donde las palabras se convierten en realidades concretas para los clubes, los barrios y las comisiones vecinales.
Es una verdadera pena que hayamos resignado ese espacio de construcción colectiva. Mirar el ejemplo de Gualeguaychú no debe servir para resignarnos, sino para exigir la recuperación del protagonismo del ciudadano en la toma de decisiones. No es una utopía del pasado, es una urgencia del presente.

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