CARU: La «caja verde» de la política que no distingue grietas ni motosierras

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Mientras el discurso oficial habla de austeridad, los delegados argentinos en la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) están en el ojo de la tormenta. Denuncian que cobran gastos de representación de 8.000 dólares mensuales y pretenden cobrar sueldos de cargos que ni siquiera están ocupados.

Por: [redaccion cdelu noticias ] con informacion de «el telegrafo» «clarin» «analisis»

La historia se repite y la memoria es necesaria. Durante décadas, la CARU ha sido el refugio dorado de funcionarios de Concepción del Uruguay y la región. Sin importar el signo político —ayer kirchneristas, hoy libertarios o de Juntos—, el organismo binacional parece ser el lugar donde los ideales de austeridad se ahogan en el río para transformarse en sueldos y gastos en dólares.

La «Motosierra» que se oxidó en la frontera

El escándalo estalló tras una serie de documentos revelados por la prensa uruguaya (El Telégrafo) y nacional (Clarín y Análisis). La delegación argentina, designada supuestamente «ad honorem» bajo el plan de ahorro del gobierno de Javier Milei, habría encontrado la vuelta para seguir facturando sumas astronómicas.

Aunque sus integrantes deben cobrar sus sueldos originales de los cargos que ya ocupaban, estarían percibiendo 8.000 dólares mensuales cada uno en concepto de «gastos de representación». Pero la desvergüenza fue más allá: la Argentina hoy tiene cuatro delegados (tras la renuncia de Ingrid Jetter), pero la delegación exige que se le sigan depositando los gastos de los cinco cargos completos.

Se trata de una «caja» de casi 50.000 dólares mensuales que se deposita en una cuenta del Banco Nación en Montevideo, sobre la cual los delegados uruguayos ya pusieron el grito en el cielo por la falta de transparencia.

El «curro» de la obra pública con fondos ajenos

Como si el escándalo de los sueldos no fuera suficiente, la delegación argentina intentó que la CARU financiara una obra vial de 15 millones de dólares en la Ruta Nacional 136 (del lado entrerriano). La respuesta uruguaya fue un «no» rotundo y cargado de ironía: «La CARU no es un banco de obras nacionales».

Es una práctica vieja: intentar usar los fondos compartidos del río para arreglar baches que le corresponden a Vialidad Nacional, una maniobra que busca beneficiar la imagen política local con billetera internacional.

Memoria: Los que la «juntaron en verdes»

En Concepción del Uruguay sabemos bien quiénes son. Los unos y los otros han pasado por esas oficinas de la costanera de Paysandú para jubilarse o enriquecerse en moneda extranjera. La CARU ha servido históricamente para dejar «herederos» en los puestos o para que funcionarios locales «la junten en verdes» mientras el resto del país padece la inflación.

Hoy, los nombres en los decretos cambian (Luis Montero, Francisco Mansanta, Agustina Piñeiro), pero las mañas parecen ser las mismas. La incomodidad de la diplomática María Laura Ojeda con estos pedidos confirma que, dentro de la misma delegación, el hambre de dólares de los «políticos» choca con la carrera profesional.

La pregunta que queda flotando en el aire de «La Histórica» es simple: ¿Es verdadera vocación de gestionar el río o es la desesperación por no soltar la teta de los dólares? Por ahora, la memoria nos dice que, en la CARU, la única política de Estado es que la caja no se toca.

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