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Por: [redacción Cdelu Noticias ]
La XXXVII edición de la Fiesta Nacional de la Playa de Río en Concepción del Uruguay ha dejado un saldo que indigna: una brecha económica que humilla al talento local y pone bajo la lupa las prioridades de la Comisión Organizadora. Mientras la ciudad intenta digerir los ecos del evento, los números oficiales revelan una realidad que roza lo obsceno.
El insulto de las cifras: El «Catering» de la desigualdad
La mayor bofetada al sector cultural de nuestra ciudad se resume en una comparación que parece una burla: el municipio destinó un total de 25 millones de pesos para repartir entre la enorme grilla de artistas locales (los anfitriones de la casa). Sin embargo, solo el servicio de catering para las figuras nacionales superó los 19 millones de pesos.
Dicho de otro modo: la comida y atención de los artistas de afuera costó casi lo mismo que el trabajo arriba del escenario de todos nuestros músicos locales. Si a esto le sumamos que una sola figura, como Luck Ra, se habría embolsado 120 millones de pesos, el panorama es desolador.
Migajas para el talento uruguayense
El desglose de lo que cobraron los artistas locales demuestra el desprecio por la producción propia. Mientras el dinero de los artistas nacionales se va de la ciudad en el mismo micro que llegaron, los nuestros recibieron pagos que apenas cubren los gastos operativos:
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Intervenciones mínimas: entre $40.000 y $50.000.
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Bandas locales: pagos de $250.000 o $500.000.
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El techo máximo: apenas $2.500.000 para los grupos más consolidados.
Es una decisión política clara: austeridad extrema para el vecino y billetera abierta para el foráneo. Se financia el brillo ajeno a costa de la precariedad de quienes sostienen la cultura local todo el año.
¿De qué lado del mostrador están?
A este abismo económico se le suma una duda ética que ensombrece la transparencia del evento. Es de público conocimiento que hay miembros de la Comisión Organizadora que terminan siendo contratados por la misma institución que integran. ¿Se puede ser organizador y beneficiario al mismo tiempo? Esta dualidad de estar «de los dos lados del mostrador» genera sospechas legítimas sobre si la vocación es ayudar a la fiesta o asegurar contratos personales desde adentro.
Una fiesta que brilla para afuera y apaga lo propio
La Fiesta Nacional de la Playa no puede seguir siendo un festival de la desigualdad. Si hay presupuesto para gastar 19 millones en catering y 120 millones en un solo artista nacional, no puede haber migajas para los músicos de Concepción del Uruguay. La gestión cultural debe dejar de comprar entretenimiento efímero y empezar a valorar, de una vez por todas, a sus propios artistas.
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