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Nuevamente, el Monumento a Urquiza se convierte en el epicentro de un grito que nadie quisiera tener que dar: “queremos cobrar”. No es un pedido de aumento, no es una ambición desmedida; es el reclamo básico y elemental de cientos de familias de Concepción del Uruguay que hoy, en pleno enero de 2026, ven cómo su esfuerzo se licúa ante la desidia patronal de Granja Tres Arroyos.
Resulta inadmisible que una empresa de la magnitud de GTA pretenda que la rueda siga girando mientras el motor sus trabajadores no tiene el sustento para poner un plato de comida en la mesa. Este martes, la movilización dejó algo en claro: la paciencia tiene un límite. Si bien el pago de la quincena llegó tras la paralización de tareas, el aguinaldo de 2025 sigue siendo una deuda pendiente que la empresa parece querer ignorar.
Desde mi perspectiva, la propuesta de la patronal de «volver a trabajar parcialmente» para reactivar la producción sin antes sanear las deudas, es, cuanto menos, una falta de respeto. ¿Con qué cara se le pide a un empleado que regrese a la planta «La China» cuando la incertidumbre laboral le quita el sueño? La decisión de la Asamblea de mantener el paro no es un capricho; es un acto de supervivencia y dignidad frente a una empresa que persiste en el retraso sistemático de los salarios.
La postal de ayer en el acceso Bruno, con cánticos, aplausos y el humo de la bronca, no fue un ataque al vecino. Fue un llamado de auxilio que, afortunadamente, la mayoría de nuestra comunidad supo comprender a pesar de las demoras en el tránsito. Porque hoy son los trabajadores de la carne y la alimentación, pero mañana podemos ser cualquiera de nosotros.
La situación es crítica: desde el 7 de enero la faena está detenida y hay 700 puestos de trabajo en vilo. Hoy, miércoles 21 de enero, la protesta se traslada a la Ruta Nacional 14. Es lamentable tener que llegar a este punto de visibilización extrema para que el conflicto escale a nivel nacional y las autoridades o la propia empresa reaccionen.
Como sociedad, no podemos mirar hacia otro lado. El ajuste no puede pasar por el bolsillo de quien pone el cuerpo en la línea de producción. Granja Tres Arroyos debe entender que la reactivación no vendrá de la presión ni del miedo, sino del cumplimiento de sus obligaciones legales y humanas. El salario es sagrado, el aguinaldo es un derecho, y el hambre de los trabajadores no sabe de tiempos empresariales.
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