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No es una sorpresa, pero no por eso duele menos. La noticia de que la Secretaría de Medio Ambiente de Entre Ríos notificó a nuestra municipalidad sobre una posible multa de 14 millones de pesos es la crónica de un colapso anunciado. Como vecino de Concepción del Uruguay, camino nuestras calles y recorro los alrededores sintiendo que el tema de la basura es una herida abierta que nadie se anima a cerrar del todo.
La inspección fue contundente: 24 puntos de incumplimientos. No hablamos de un error administrativo o de un papel mal llenado; hablamos de casi dos docenas de fallas en el Depósito Final de Residuos Sólidos. Me pregunto: ¿cómo llegamos a este punto? ¿En qué momento el cuidado de nuestro entorno pasó a ser la última prioridad de la agenda pública?
Caminar por las cercanías del depósito —o simplemente sufrir los olores y la proliferación de vectores cuando la gestión falla— es entender que lo que está en juego no es solo el dinero de las arcas municipales. Esos 14 millones de pesos, que saldrán de los impuestos que pagamos todos, son el precio de la ineficiencia. Pero el costo real es ambiental y sanitario, y ese no se paga con una transferencia bancaria.
El municipio tiene ahora diez días para presentar un plan de soluciones. Diez días para intentar enmendar años de una gestión de residuos que parece ir siempre por detrás del problema. La Secretaría de Medio Ambiente ha puesto la lupa donde nosotros, los ciudadanos, ya veníamos mirando con preocupación: un sistema que parece desbordado y que pone en riesgo nuestra salud y nuestro ecosistema.
No quiero una ciudad que pague multas millonarias por hacer las cosas mal. Quiero una ciudad que invierta esos recursos en tecnología, en reciclaje real y en un tratamiento de residuos que nos haga sentir orgullosos. La protección del medio ambiente no es un ítem de «buenos modales» políticos; es una obligación legal y ética con las generaciones que vienen.
La pelota está ahora en el campo del ejecutivo Municipal. Esperamos que el descargo no sea una simple excusa burocrática, sino un compromiso serio de cambio. Concepción del Uruguay no puede seguir enterrando su futuro bajo una montaña de irregularidades. La gestión de la basura es, en el fondo, el reflejo de qué tanto nos importa nuestra propia casa. Y hoy, lamentablemente, el reflejo es bastante sucio.
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