El peronismo entrerriano: entre los sueldos millonarios y el egoísmo de las sombras

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Opinion : Por redaccion (Cdelu Noticias )
Por estos días, el peronismo de Entre Ríos parece haber activado un reloj que todavía nadie sabe bien cómo leer. Pero seamos claros: lo que veo no es un proceso de renovación, sino un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven para salvarse a sí mismas.
Mientras los dirigentes actuales del PJ, esos que ocupan cargos y cobran millones, se aseguran de seguir percibiendo sus dietas, intentan manejar en las sombras las unidades básicas, llevando siempre agua para sus propios molinos.
Concordia, una vez más, es el epicentro de este ruido. No me sorprende y a esta altura, a quién podría sorprenderle la última movida de Enrique Cresto. Su propuesta a Gustavo Bordet, pidiéndole que baje a pelear la intendencia mientras él se proyecta para la gobernación, no es más que un intento desesperado de blindar un territorio que sienten que se les escapa. Es la política del «refugio»: asegurar el bastión local a cualquier precio para no soltar el poder ni los privilegios.
La respuesta de Bordet fue un «no» seco, pero cargado de veneno político. Al ratificar su alianza con Guillermo Michel, Bordet no solo le soltó la mano a Cresto, sino que marcó su propia cancha. Y muchos ya huele esa vieja política de aprietes que se biene y que los entrerrianos ya conocemos de memoria.
Mientras tanto, en otros rincones de la provincia, el eje Paraná-Uruguay intenta asomar la cabeza. Rosario Romero y Eduardo Lauritto juegan al equilibrio, tratando de ser la «vía racional». Es una arquitectura que, sobre el papel, parece lógica, pero que choca de frente con la realidad: una militancia desgastada que observa con perplejidad cómo los de arriba, con sus realidades económicas resueltas, bajan órdenes y aplican disciplinas según les conviene.
Escucho a Laura Stratta decir que «el peronismo siempre se ordena», y me pregunto si ese orden no es más que un pacto de supervivencia para los mismos de siempre. Stratta habla de mantener municipios, una meta que suena a poco cuando la dirigencia está más preocupada por el próximo cargo que por el destino de los que caminan la calle.
Mi opinión es firme: si el PJ sigue ensimismado en esta guerra de egos y privilegios, el 2027 no será el año del regreso, sino el del naufragio definitivo. No basta con que los nombres «dancen» en una interna eterna; hace falta que dejen de usar las estructuras del partido para sus beneficios personales y entiendan que la gente está cansada de ver cómo ellos siempre caen parados.

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